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La pontezuela




La Pontezuela



La Pontezuela, esquina  denominada así  al tomar el nombre  de "la  puente" sobre la acequia que por allí pasaba



En el lugar llamado "La Pontezuela", en uno de los ángulos de la Plaza de Armas, Mariano Lino Urquieta y Francisco Mostajo encabezaron las grandes batallas por la democracia y la libertad.
En aquel lugar se leyeron los bandos que dio la autoridad Colonial en el  ejercicio de sus funciones. El pregonero era el encargado de leerlos y alrededor suyo se reunía la gente para escucharlo. No había otra forma de comunicar una disposición que asegure su difusión entre los vecinos de la ciudad. Así se convirtió con el paso del tiempo en un lugar referencial para los oradores y caudillos locales.
En "La Pontezuela" predicó el tribuno liberal Francisco Mostajo. Desde allí arengó a la población de la ciudad en históricas jornadas cívicas. También hizo lo propio Mariano Lino Urquieta, en una época de cambios sociales y de lucha contra el autoritarismo.

Desde "La Pontezuela", ambos oradores dejaron escuchar su voz de condena y protesta cuando la libertad se vio amenazada. De ahí el simbolismo que tiene como tribuna de la libertad. A semejanza del foro romano, "La Pontezuela" fue el lugar donde los arequipeños de otro tiempo, resolvieron de manera plebiscitaria su difícil relación con el poder central. Sobre todo porque Arequipa tuvo un rol gravitante en la política nacional durante el siglo XIX y primera mitad del XX.


Asimismo, "La Pontezuela" fue escenario de los primeros movimientos sociales registrados en Arequipa. Desde ahí se demandaron mejores condiciones labores para los trabajadores.
El 1ro de mayo de 1906, con motivo del día internacional del trabajo, hubo paseo de antorchas con el siguiente recorrido: calle La Merced, Portal de la Cárcel, calles Santo Domingo y Pizarro, Plazoleta Santa Marta, hasta Santa Teresa, para seguir por Melgar e ingresar por la calle San Francisco a la histórica Pontezuela en la Plaza de Armas. En ese lugar, pronunció su discurso Santiago Mostajo. Dijo entonces: "CABALLEROS DEL TRABAJO. Que hermosa está transcurriendo la fiesta de los trabajadores. Ratos hay en que me parece que la tierra temblara, pero que temblara a impulsos de nuestra alegría. De gala estamos hoy los obreros, porque hoy glorificamos al trabajo, porque nos enorgullecemos de ser artesanos".




"Glorificar al trabajo es manifestar a todas las clases sociales que el trabajo que encallece las manos no rebaja a quien la ejerce, sino por el contrario la eleva, la dignifica, la pone sobre todos aquellos que no ganan el pan con el sudor de su frente. Enorgullecerse de ser artesanos es manifestar a todas las clases sociales que consideramos una alta honra de tener un taller y no un palacio, el manejar una herramienta y no un par de guantes".


"Compañeros debemos tener confianza en nuestra propias fuerzas y estar unidos (...) la confianza en nosotros debe ser reforzada por la unión. Aislados, separados nunca seremos nada, ni podremos nada; juntos, unidos, seremos todo y podremos todo. Los granos de arena son juguetes del viento, pero si se compenetran unos con otros, forman la montaña contra la cual nada puede el huracán. Las gotas de agua se pierden en el vacío, pero sí se suman las unas a las otras, forman el torrente o el mar que borra con todos los obstáculos. Desengañémonos, el obrero aislado jamás podrá hacer triunfar sus derechos ni defender los intereses de su clase, pero los obreros asociados lograrán que éstos se respeten y que aquéllos se impongan".




"Los trabajadores unidos constituyen el pueblo, que es una fuerza viva, que es el alma de las democracias y de quien se ha dicho; vox populi, vox dei (...) La fiesta del trabajo es pues una fiesta de fraternidad universal, un cierto concierto de millares de corazones, una compenetración íntima de todos los obreros en una sola fe y una sola esperanza; la fe que el trabajador es hoy la representación del derecho y la justicia, la esperanza de que ese derecho y esa justicia triunfarán (...) Sí, queridos compañeros (...), SEAMOS UNIDOS Y SEREMOS FUERTES. SEAMOS FIRMES Y SEREMOS INVENCIBLES, TENGAMOS FE Y TODO LO PODREMOS".


A raíz de los sucesos del 30 de enero de 1915, en que 10 personas mueren víctimas del atropello de la fuerza pública, el Diario "El Pueblo" lanza una enérgica protesta contra el empleo desmedido de la fuerza sobre manifestantes que solo exigían la derogatoria de un proyecto de aumento de impuestos. El prefecto departamental de entonces, José Rodríguez del Riego, hizo mal uso de su autoridad y rechazó violentamente una manifestación popular que en principio le entregó a él un memorial para luego seguir con el desfile. A lo cual se opuso el prefecto ordenando el empleo de armas de fuego para disolver el movimiento. La reacción del pueblo no se hizo esperar y enfrentó en las calles a sus agresores, provocando la refriega gran número de víctimas inocentes.





El desagravio popular a las víctimas se puso de manifiesto dos días después, cuando un largo y nutrido cortejo acompañó a los cadáveres hasta el Cementerio General de la Apacheta. En aquella oportunidad hicieron uso de la palabra Mariano Lino Urquieta y el tribuno Francisco Mostajo, quien reprobó la acción arbitraria del gobierno.


Desde uno de los pilares del arco del atrio de la catedral, colindante con la pontezuela, Francisco Mostajo en actitud enérgica dijo lo siguiente:

"Arequipeños:

Nueve cadáveres, otras tantas familias que lloran su orfandad. Varios ciudadanos en el lecho del dolor que esperan la muerte. Una ciudad entera con el corazón enlutado porque hijos suyos son los obreros que rodaron ayer bajo las balas de los asesinos y que hoy yacen en estos ataúdes que conduce el pueblo. He aquí la obra nefasta del matonismo oficial, de ese matonismo que la capital de la República arroja sobre las provincias como desecho de sus carcomas sociales. He aquí el maldito don del centralismo, de ese centralismo que cree que Lima es el Perú cuando es solo la urbe podrida que reclamando está la entrada de los bárbaros. Ya el régimen que nos oprobia y de cuyo entronizamiento no son responsables, no, las provincias, tiene tres blasones: la matanza del Ñapo, la matanza de Llaucán y la matanza de Arequipa".


El cortejo de las víctimas fue impresionante. Todo el pueblo de Arequipa se volcó a las calles para despedirlos en la hora postrera. El ambiente que entonces se vivía en Arequipa era de indignación contra el abuso del poder. Esto prueba una vez más que el caudillo colectivo de Arequipa seguía presente, el mismo que luego se manifestará en los sucesos del 13 de mayo de 1931, y en las jornadas cívicas de 1950 y 1955.


FUENTES:
Carlos Eduardo QUIROZ NIETO y José Luis HANCCO MAMANI. El Derecho de un Pueblo Arremetido con Violencia. Arequipa-30 de enero de 1915. Impreso en Arequipa. Primera edición, enero del 2005.
Raúl FERNÁNDEZ ILERENA. Los orígenes del movimiento obrero en Are-quipa.

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