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Pasaje Santa Rosa



Pasaje Santa Rosa



Allí se ubica el monasterio del mismo nombre, donde actualmente se venera a Santa Rosa de Lima. Fue construido en 1747. Sus muros fueron traspasados por el general Ramón Castilla, durante la toma de la ciudad de Arequipa, el 6 de marzo de 1858.


Ubicada en la esquina de San Pedro y Santa Rosa, la Iglesia y Monasterio de Santa Rosa, data del siglo XVIII. La  historia cuenta que cuatro hermanas del Monasterio de Santa Catalina fundaron un nuevo Monasterio en la ciudad con el nombre de Santa Rosa de Santa María del Señor San José.
Su construcción se remonta a 1747. El historiador arequipeño Ventura Travada y Córdova, en su libro "Suelo de Arequipa convertido en cielo", refiriéndose a la descripción del Monasterio de Santa Rosa, dijo: "La materia de que se fabrica este templo no tiene la fealdad de ser excedida de la obra. El arte y la materia concurren en tal proporción, que ni el arte excede a la materia, ni la materia excede a la obra; porque la arquitectura parece que solo se exhibía para el calicanto de esta ciudad, y solo el calicanto arequipense, ofreció unas veces dócil, y otras rebelde su materia a la arquitectura para que a un tiempo imprimiese en él primores su buril, o eternidades sus preceptos".




En otro párrafo, anotaba lo siguiente: "Tiene el templo dos hermosas portadas en cuyas fachadas se excedió en prodigalidades el buril con santos labrados de preciosa talla en que se miran las puertas de igual majestad y grandeza, reforzadas de mascarones de bronce, que le dan a un tiempo fortaleza y hermosura".

Hasta entonces Arequipa contaba tres monasterios. Santa Catalina, Santa Teresa y Santa Rosa no solo fueron recintos sagrados de consagración religiosa, sino que también monopolizaron, por mucho tiempo, la preparación de dulces, pasteles y golosinas. 

El viajero francés Paul Marcoy (1815 - 1888) llegó al Perú en la década de 1840. En su libro de relatos titulado "Viaje a través de América del Sur, del Océano Pacífico al Océano Atlántico", publicada originalmente en París en 1869, dio a conocer sus experiencias, observaciones e impresiones sobre Arequipa. Su testimonio ofrece una descripción de los monasterios de la ciudad. El autor destacó la especialidad que tenía cada una de estas congregaciones en la preparación de golosinas. "Son estas comunidades de mujeres (decía) las que tienen el monopolio de los dulces, de los pasteles y de las piezas de repostería armadas, gloria del oficio". Con menos éxito que antes, hasta hoy mantienen esa tradición.


 Antigua fachada del templo de Santa Rosa (MHMA)


Cuando Marcoy estuvo en Arequipa cada congregación religiosa tenía una especialización. Así, por ejemplo, "Santa Rosa tiene su mazamorra al carmín, especie de papilla con el gusto de nuestros huevos rojos, que se expone durante la noche en los techos del convento, donde la helada le da cualidades particulares. Santa Catalina sobresale en la preparación de pasteles y dulces de ave a la leche de almendras, manjar blanco de la región. El Carmen, en fin, tiene por su parte sus buñuelos a la miel espolvoreados de pétalos de rosa y pajitas de oro, y sus imperiales, yemas de huevo batidas con azúcar en polvo y fijadas mediante un procedimiento que desconocemos".

El Monasterio de Santa Rosa fue escenario del asalto a la ciudad que prota-gonizó el mariscal Ramón Castilla en marzo de 1858.

Con el general Manuel Ignacio de Vivanco a la cabeza, Arequipa se había declarado contraria a la Constitución liberal de 1856. Entró a la ciudad el 3 de diciembre de 1856, por Tiabaya. Durante su trayecto hacia la población fue ovacionado por el gentío que pugnaba por hacerle demostraciones de afecto y adhesión.

Mientras tanto, en Lima, el presidente provisorio Ramón Castilla envió al mariscal Miguel San Román, que venía ocupando el Ministerio de Guerra y Marina, a debelar la revolución vivanquista (noviembre de 1856). Una vez que se constituyó en los alrededores de la ciudad, dirigió al Comandante General de Arequipa, coronel Domingo Gamio, una intimación para que vuelva al camino de la legalidad. Este, a su vez, le contestó, a nombre del pueblo arequipeño, diciéndole que las esperanzas que suscitó el general Castilla, cuando lo apoyó en la revolución contra Echenique, en 1854, habían sido defraudadas, debido a los decretos absolutos de una dictadura irresponsable. Gamio, sin duda, aludía a la ley de amnistía del mes de abril de 1856 que relegó al olvido los delitos políticos cometidos por las personas allegadas a la anterior administración de Echenique. Por eso, categórico terminó diciéndole a San Román que Arequipa continuaba alzada en armas.

A éstos se unió la armada nacional, con Grau y Montero a la cabeza, quienes reconocieron como presidente del Perú al general Vivanco e hicieron suyo el ideario proclamado por el pueblo de Arequipa. Según el contenido de los editoriales de "El Regenerador", vocero de la rebelión vivanquista, el movimiento mostró un total rechazo a la Constitución de 1856, por anticlerical, y a la Convención Nacional, por no representar los intereses del pueblo que luchó contra el régimen de Echenique en la revolución "moralizadora" de 1854.

La reacción del gobierno de Castilla fue declarar piratas a los barcos defeccionados, hecho que suscitó una crisis ministerial. Arequipa, por su parte, fue degradada a provincia siendo departamento, para así - según se dijo- destruir el germen de las revoluciones.


Decidido a tomar la ciudad, después de ocho meses de asedio, Castilla logró vencer a sangre y fuego la trinchera de San Antonio; luego avanzó por San Pedro. Cada calle, cada casa fue defendida con tesón. Un punto difícil fue la torre de la Iglesia de Santa Rosa. El entonces capitán Andrés Avelino Cáceres se ofrece a tomarla por asalto. Su biógrafo Raúl Zamalloa Armejo, dice que "para ello cuenta con la decisión de los soldados a sus órdenes. Casi todos murieron en la empresa pero la torre fue tomada. El temerario conductor del asalto fue también dado por muerto ya que una bala lo hirió en el rostro muy cerca de un ojo".

Al respecto, Rubén Vargas Ugarte dice lo siguiente: "Por fin, el 6 de marzo de 1858, se empezó el ataque por el lado de Miraflores. La resistencia fue tenaz y la mortandad excesiva. Logró Castilla apoderarse del alto de San Pedro y luego ordenó se acometiese la Iglesia y bóvedas de Santa Rosa, para lo cual hubo de invadir el convento".

 
Benito Bonifaz


En la refriega que se prolongó por varias horas murió el poeta Benito Bonifaz y el artesano Javier Sánchez, jefe del batallón "Inmortales" que, en el fuerte "MalaKoff", murió al pie de su cañón defendiendo los ideales de justicia y libertad.



FUENTES:
Paul MARCOY. Viaje a través de América del Sur, del Océano Pacífico
al Océano Atlántico. Lima: IFEA / BCRP / PUCP / CAAAP, 2001. Tomo I.
Ventura TRAVADA Y CÓRDOVA. Suelo de Arequipa convertido en cielo.
Edición facsimilar. Ignacio Prado Pastor (editor) - 1993.
Rubén VARGAS UGARTE S. J. Ramón Castilla. Buenos Aires: Imprenta López. 1962.
Raúl ZAMALLOA ARMEJO. Andrés A. Cáceres. Biblioteca Hombres del
Perú. Editorial Universitaria / Lima - 1966. 

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